Washington/Ciudad de México: El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC, conocido como USMCA en inglés) enfrenta en 2026 su primera revisión formal desde que entró en vigor en 2020, en un contexto políticamente complejo marcado por el Copa Mundial de la FIFA que se celebrará en los tres países durante el verano. La cláusula de revisión obliga a los socios a evaluar conjuntamente el acuerdo y decidir si lo mantienen, modifican o dan por terminado.
Las negociaciones iniciaron formalmente en marzo y se desarrollan en un ambiente de tensión. Estados Unidos, bajo la administración Trump, ha demandado mayor contenido regional en la manufactura de automóviles, restricciones más estrictas a importaciones chinas a través de México y cambios en las reglas de solución de diferencias. México, por su parte, insiste en proteger su industria automotriz y el acceso de sus productos agrícolas al mercado estadounidense.
El factor del Mundial
La realización de la Copa Mundial en junio y julio de 2026 añade una dimensión diplomática inédita. Los tres países deben colaborar estrechamente en logística, seguridad y movilidad de aficionados, lo que crea una presión política para mantener relaciones funcionales incluso mientras negocian duramente el acuerdo comercial. Analistas señalan que el torneo es a la vez un incentivo para el entendimiento y una oportunidad para el protagonismo político.
Consecuencias para la región
El resultado de la revisión tendrá implicaciones directas para economías como las de Costa Rica, El Salvador y Honduras, que se han integrado a cadenas de valor de manufactura vinculadas al T-MEC. Una ruptura del acuerdo o cambios drásticos podrían interrumpir flujos comerciales que sustentan miles de empleos en Centroamérica. Expertos del sector privado latinoamericano siguen las negociaciones con atención, confiando en que el pragmatismo económico prevalecerá sobre la retórica proteccionista.