Bogotá: Colombia se encamina hacia sus elecciones presidenciales del 31 de mayo de 2026 en un proceso caracterizado por una intensa polarización política, un incremento de la violencia contra candidatos y una carrera extremadamente reñida entre tres contendientes principales. El presidente Gustavo Petro está constitucionalmente impedido de buscar la reelección consecutiva, por lo que el próximo mandatario representará un cambio de rumbo para el país.
Según la encuesta de National Consulting Center para la revista Cambio, publicada en marzo de 2026, el candidato izquierdista Iván Cepeda Castro, del Pacto Histórico de Petro, lidera las intenciones de voto con el 34,5%, seguido de la senadora de centro-derecha Paloma Valencia con el 22,2%, y el abogado de tendencia derechista Abelardo de la Espriella con el 15,4%. Sin embargo, sondeos de AtlasIntel de abril señalan que los tres candidatos principales se encuentran en una banda muy estrecha de entre el 26 y 28%, lo que hace muy incierta la primera vuelta.
Violencia política en la campaña
La campaña ha estado marcada por una escalada de violencia. El senador Miguel Uribe Turbay fue asesinado en junio de 2025, el primer homicidio de un candidato presidencial colombiano en más de 30 años. El colapso de los diálogos de paz con el ELN en enero de 2026 y la crisis del Catatumbo, que dejó más de 100 muertos y desplazó a 55.000 personas, han convertido a la seguridad en la principal preocupación de los votantes. Los candidatos han reducido sus actos de campaña presenciales por temor a nuevos ataques.
El escenario internacional y la presión de Trump
El próximo presidente de Colombia también deberá navegar una relación compleja con la administración Trump. Quien sea que lidere el país deberá demostrar disposición temprana a cooperar con Washington en materia de seguridad y tráfico de drogas. Una segunda vuelta es casi segura el 21 de junio, ya que ningún candidato se acerca al 50% necesario para ganar en primera vuelta, según establece la Constitución colombiana.